Padecía de ingratitud severa y murió de una sobredosis de egoísmo fulminante




























15 de mayo de 2008

Al compás del Alma llanera








Amaneció finalmente…
Luz y café se cuelan por mi ventana abierta,

un hilo tenue que apenas brilla

se abre paso tras la cortina gris.

La habitación se perfuma con el aroma inequívoco y perfecto.

Tiempo y desvelo acrecentaron la noche,

que se hizo larga,

como la sombra de una culebra,

un pesado telón guillotino la espalda,

un Do sostuvo el pecho y el adiós .

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