Padecía de ingratitud severa y murió de una sobredosis de egoísmo fulminante




























14 de julio de 2008

Sin luz






Tenía un racimo de uvas entre las palmas,
un cuento necesario y tentador,
dotes de corista a medio cielo,
sonrisa de conquista,
labios de diapasón…
Queria enamorarte, lo confieso
las uvas se secaban, tuve temor de mi vino y de la sed,
-el cuento oculto encerraba la angustia del estar sin besos en la mies-

Intenté seducirte, ya lo sé…
te invité a un camino, a una estrella, a mi cuerpo burdel,
ciega y sorda me abstraje en el deseo y tarde me di cuenta que
tu amor era un mar de caracolas llenas de temor,
y yo, deseosa del sonido armónico del vuelo del halcón,
no pude sostener tu mar enloquecido y renuncié de nuevo
a la razón.

2 comentarios:

josé dijo...

Creo es la primera vez que llego a tu sitio y me alegro de haberme sorprendido con un escrito tan seductor. Mi afecto.

Jorge Luis dijo...

Qué hermosa prosa, sugestiva en perder la razón por la locura. El aludido, sin embargo, debe estar muy sentido ante su desprecio, en la ambiguedad tan bien tratada en el texto.

Llego desde otro espacio, antes creí haber reconocido mi paso por aqui.


Saludos sinceros


Jorge Luis