Padecía de ingratitud severa y murió de una sobredosis de egoísmo fulminante




























2 de julio de 2008

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Soy hija de un híbrido de mariposa castrado en la pupa
campesino sin serlo a media devoción,
corazón escondido a veces por obra y gracia del honor de papel,
que murió de antes, de destiempo, de tristezas sin disciplina,
porque ocho orugas le restaron o sumaron,
consumiendo su tiempo de poesía interrumpida,
“traga aldabas” de platos vacíos.
Pobló como pudo sus semillas urgentes
consciente o inconsciente de quien bebe de la vida
a gotas un día y otro,
dejando la herida cristalina perderse en su esencia a borbotones.

1 comentario:

Hecha de silencios dijo...

Gracias por tu mano en esta ausencia presente que nos conmueve y fatiga.
De oruga a oruga
Te beso querida.
Elba