Padecía de ingratitud severa y murió de una sobredosis de egoísmo fulminante




























15 de septiembre de 2008

El tiempo no regresa


Hija mía, como quisiera devolver el tiempo
Verte pequeña de nuevo,
recomenzando desde cero otra vez
Poder esperarte impaciente y darte un beso cada mañana a la salida del colegio;
Jugar contigo hasta el cansancio, reírnos juntas y contarnos cosas.
Tomar tu manito dulce y caminar, simplemente cualquier plaza, cualquier calle,
Tomar un helado, peinar tu cabello rubio como el de la abuela, ayudarte a parar si te caes y
enseñarte tantas cosas, como escenificar y leer un cuento a viva voz, ayudarte con los deberes escolares, curar tus heridas, sin importar si son del espíritu o la piel; cantarte una nana para dormir: cortarte un pastel en cada cumpleaños, llenarte el cuarto y el corazón de muñecas, vestirte a ti y a esas mismas muñecas y tomar con ellas un te en el atardecer, gozar a plenitud de tu compañía sin que nadie perturbe nuestros momentos.
Ahora que te veo grande y me doy cuenta que el tiempo no regresa,
No ya porque no hayamos vivido al máximo esa maravillosa felicidad de la cual me ufano,
Pero no sabes mi pequeña, cuanto lamento desde los huesos del alma saber que no se vale repetir…

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