Padecía de ingratitud severa y murió de una sobredosis de egoísmo fulminante




























20 de septiembre de 2008

New York, 4 diciembre 1927



Sentencia firme

Te me acabaste en la madrugada y en la ambición de los besos
Te me agotaste en el vientre y en el amor como un ocaso
Te me desteñiste delante de los ojos
Te esfumaste como una sombra impertinente bajo el sol de verano
Como un agujero negro en el firmamento te me desvaneciste envuelto en palabras
Mudas, desechas o vanas
Te me desprendiste del alma como una hoja otoñal y te vi caer
camino a la tierra a la que perteneces.
Te me consumiste como un candil agotado y seco,
como una gota de perfume en una carta de amor de juventud.
Ni un raído argumento para guindar tras la puerta que te detenga queda.
Ya no te reconozco entre miles de almas como ayer.
Te desconozco al extremo cuanto a un desconocido señor que cruza una esquina
cualquiera, en un país remoto, ajeno absolutamente a la vida mía.
Te me fuiste del alma y la razón…

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