Padecía de ingratitud severa y murió de una sobredosis de egoísmo fulminante




























22 de septiembre de 2008

Sin ti



Desperté y me di cuenta que hacia cinco siglos que te habías marchado,
pero vino el silencio y me dijo que sólo cinco días habían transcurrido.
Fruncí el ceño, me negué a creerlo.
¡“Han sido cinco siglos”! Riposté indignada…
El silencio me puso una mano sobre el hombro y me enseñó el calendario.

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