Padecía de ingratitud severa y murió de una sobredosis de egoísmo fulminante




























7 de octubre de 2008

Cúrate de mi




Que te has curado de mí me dices y siento
ausente el dolor que te calcinaba,
que el rió te arrulla y la Sierra te canta,
que duermes feliz y en paz por la noche,
que el retorno a tu entorno te hace más tú mismo
en el abrazo fraternal de los amigos.
Estás de vuelta a la vida...! Bravo!
Invulnerabiliza tu corazón
curándote definitivamente de mí.


Que yo soy un campo de batallas y
me he sentado de espaldas a la lucha
como el guerrero vencido que no anhela ya la victoria,
no escuches mis palabras,
de cierto necesito llorar y ya no lloro,
todas las mujeres que soy están en otra orilla
y me miran con recelo.
Me siento como una prolongada línea gris…
No me maldigas, pero cúrate de mi.

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