Padecía de ingratitud severa y murió de una sobredosis de egoísmo fulminante




























2 de julio de 2009

Los arboles no pueden huir,
Por eso aprenden a sobrevivir a las tormentas,
Por eso aprenden a vestirse o desvestirse según la estación
Restan verticales ante la tragedia de perder las hojas
Y apacibles, cuando regresan a darle sombra,
A reafirmarles otra vez la vida como un círculo.
¿Alguna vez viste un bosque en llamas?
Ni uno solo de ellos ha podido correr para salvarse…
Lo sé, seguramente el corazón de cada árbol,
Al igual que el tuyo,
Tiene la mirada de acumulado miedo de un niño Etíope,
que aun sin raiz en la tierra no huye de su destino.


Te quiero siempre, a veces, finjo no quererte….como los arboles, para salvarme

1 comentario:

Anónimo dijo...

Esplendida prosa-esquela. Conmueve su mensaje.