Padecía de ingratitud severa y murió de una sobredosis de egoísmo fulminante




























2 de septiembre de 2009

Compartiendo mendrugo









Poco asilo puede darte mi corazón encallado

tras tan feroz tormenta,
apenas un refugio nocturno a la intemperie,
como mendigos que comparten un mendrugo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Te leo e identifico mi desamparo, la soledad, el ayer próximo, todo cae en mí como una condena a muerte, más a muerte de la que tengo desde que nací.
No quiere la soledad irse, silenciosamente en V estaciones van los caminos sobre los escombros, tratando de encontrar la salida de este laberinto.
Tú, en pocas líneas, la lluvia cae sobre el mendrugo que se deshace en la mayor de las tristezas.
¡Felicidades poetisa! El don de la palabra te fue dado por las musas que nunca te abandonan. Abrazo sin refugio diurno.

Juliette Riera