Padecía de ingratitud severa y murió de una sobredosis de egoísmo fulminante




























8 de octubre de 2009

De pueblos


Escondida lleva esa muchacha entre las enaguas, su tristeza,
camina sin embargo a cara feliz por las calles de su pueblo .
El hijo de don Carmelo, Antonio, la ve pasar y sonríe
por que sabe de sobra, el color de sus enaguas
y el motivo del color gris de sus tristezas.

3 comentarios:

Leo dijo...

Elba, como esa muchacha existen muchas en este mundo.
Abrazos
Leonor

Hecha de silencios dijo...

Mi estimada Leo, te abrazo infinito que hermosas palabras que me han calado en medio del alma en este domingo, que linda, eres un sol, gracias, soy huerfana de madre hace 22 años, y si supieras cuan hondo me ha llegado ese mensaje que asumo maternal,he llorado un poquito, soy una llorona, pero tus palabras las voy a guardar en mi corazon custodiadas fuertemente.
Dios te de muchos años de vida y salud

Leo dijo...

Querida Elba: Me hemociona este escrito que me has dejado, pero no soy sollora, mi padre me enseñó como si fuera un chico, a no llorar por nada, se ponía furioso cuando por cualquier circunstancia lo hacía, por lo tanto suelo guardar mis desgracias y llorarlas con el alma, aunque muchas veces mis ojos me traicionan inundándose de agua como ahora me está sucediendo. Mi joven amiga, mira para adelante, piensa en positivo, nunca te acobardes ante las adversidades, te lo dice una mujer
que pasó bastante en esta vida: La guerra civil española, 5 años en muletas (quedé mal de la pierna izda), muerte de mi hermano el pequeño que fue como un hijo, enfermedad muy cruel de mi padre durante 15 o más años, muerte de mi hijo con 24 años por atropello, muerte de mi otro hermano por suicidio, muerte de mi marido por enfermedad, en fín, te digo todo esto porque dicen que los males de otro disminuyen los de uno. Tenemos que mirar hacia adelante, pero sin olvidar los problemas que pudimos resolver y los que no también, para poder rectificar en venideros.
Mi amiga, te deseo lo mejor del mundo, aquí me tienes y me ofrezco como tu paño de lágrimas.
Abrazos y besitos
Leonor