Padecía de ingratitud severa y murió de una sobredosis de egoísmo fulminante




























28 de diciembre de 2009

Mi unicornio azul II

Retumba entre  mis montañas
Ell vínculo sagrado que se agiganta y que llora,
Aquel que engendra y domina.
Hoy, Solo  instinto primario que gesto el vientre se asoma.
Hoy puerto, parto, pacto y sangre
¡Soy grito que trajo vida para custodiarla hasta que yo muera!
Ningún otro sentimiento, ni leve  se manifiesta
Más allá que el que te bendice y atesora.
Mis ojos cuidaran la luz de tus estrellas
Hoy mañana y siempre en esta tierra
Tu voz será el compás que acompañe mi postrer latido. y
Por mi parte, prometo salvarte del mundo y sus bestias.
Hecha de silencios
Hoy siento el tibio de mi mar que te cobijó en sus olas
Hoy soy tú y tú eres yo ¡te amo como a nadie hija mía!
Te amo, juntas ignoraremos el mundo y sus desmanes

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No hay nada más grande que el amor de una madre.

Leo dijo...

Precioso, precioso, mi reina, dices mucho de la madre, madre no
hay más que una.

Abrazos y besitos, Elva.

Leonor