Padecía de ingratitud severa y murió de una sobredosis de egoísmo fulminante




























13 de febrero de 2010

A todo aquel que amé, amo y amare, en esta: Mi vida

A todo aquel a quien convidé una lagrima o recogió las mías vertidas;
a quien besó mi boca, mi mejilla, mi frente;
a quien tocó mi piel con lujuria o fraternidad,
a quien abrazó mi cuerpo, vestido o desnudo;
a quien miró de cerca mis ojos o mi espíritu;
a quien vertió vida en mis entrañas;
a quien a mí me la diera;
a quien amé sin verme jamás en sus ojos; pero, bebimos del mismo vaso del alma una noche y dos;
a quienes me llenaron de besos o reproches;
a quien llenara yo de besos o reproches;
a quien me hizo conocer el amor de la piel;
a quien me hiciera luego conocerlo más allá del limite del tacto;
a quien dibujó mis manos, me regalo joyas, poesías y un poco de cielo;
a quien me defraudó y ahora custodio en un lugar gastado;
a los que parí dándoles la vida: El amor más grande jamás sentido;
a quien no parí e igual amo y que tiene por ojos un par de estrellas;
a las madres ajenas que me bendijeron;
a mis ángeles terrenales de cuatro patas, corazón gigante y rencor enano;
a los campos de arroz en Shanghai,
a las Montañas Dolomitas, al Mediterráneo, al Caribe; a las calles de mi barrio, a mi primer y último beso;
a ellos dedico mi brindis,
a todos y cada uno de ellos: ¡Salud!

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