Padecía de ingratitud severa y murió de una sobredosis de egoísmo fulminante




























18 de junio de 2010

palabras de exilio





Te reconozco detrás de la cortina de lluvia

Donde cuelgas los anhelos

Donde cuartelas al viento mientras rumias educando tus palabras neonatas

Las cultivas hasta en su mínimo detalle.

Las nutres de tu alma mientras van creciendo.

Ya adultas, las sueltas en la selva,

Allí, donde viven las otras palabras, las ajenas,

Las hostiles, las canallas, las crecidas en la calle,

Las que no le temen ni al dios tuyo ni al Dios mío...

O las que no tienen ningún dios conocido.

Las dejas ir con orgullo, bien entiendes que han crecido y sobrevivirá la vorágine.

Finalmente, les miras desaparecer tras la cortina de lluvia,

detrás de la que te reconozco

donde sueles colgar mi voz y tus anhelos junto a la espina.

3 comentarios:

Versos complicados dijo...

Imposible dejar la espina cuando sólo se puede colgar la voz y los anhelos, en palabras de exilio. Imposible dejar la espina, cuando sólo puede reconocerse a quien crea páginas de vida en versos, tras una cortina de lluvia.
Sin embargo, a veces, la espina es sólo un espejismo.

Tu texto refleja tu brillante pluma y toda tú.
Te abrazo y beso en la distancia, tratando de imaginar que la distancia no existe en el afecto.

Hechadesilencios dijo...

No existe la distancia en el afecto!
Un abrazo!

Leo dijo...

Sigue dejando palabras fructíferas,
algun enraizaran y produciran buena cosecha.

Virtualmente también se puede amar y yo te quiero.

Abrazossssssssss

Leonor