Padecía de ingratitud severa y murió de una sobredosis de egoísmo fulminante




























11 de agosto de 2012

 

Desordenando la oscuridad, la luz del alba se cuela por mi ventana.
Ninguna piedad me asiste, los trinosme  reprochan a sabiendas que
los parpados se entre abren ahítos de desvelo.
E.B.

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