Padecía de ingratitud severa y murió de una sobredosis de egoísmo fulminante




























23 de enero de 2013

A veces no reconozco el rumor de sus alas en el vuelo, regreso entonces a los perfumes del nido y la reencuentro, como antes, cuando su voz amable me contaba  historias de blondas y pañuelos de esas que encierran suspiros viejos, traídos de la mano asida a la punta de la madeja.
E.B.

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