Padecía de ingratitud severa y murió de una sobredosis de egoísmo fulminante




























31 de enero de 2013

Ebrios de fe arrastran la esperanza aferrada a la mano izquierda.
 La realidad  les aguarda implacable, como un muro de piedra.
 Los que acumuladores de  sombras,   les trajinan detrás de la palabra que amamanta sus sueños y  mansedumbre mientras tejen su red de hilos malditos cómo arácnidos perversos, para  espíritus vencidos, donde quedaran atrapados sin ser  reos  de ningún otro delito, que su certidumbre.
E.B.

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