Padecía de ingratitud severa y murió de una sobredosis de egoísmo fulminante




























12 de junio de 2013




Cavilando
¡Y aquí estoy! En medio del vórtice  de nuevo.  Me cuentan los laureles que me quedé a dormir junto a  ellos. Les miro con recelo, como mira la  amante nocturna  que se arrepiente al despuntar el día de haber compartido el cuerpo a despecho  del alma…puede ser que se me dé bien huir, (del vértice), no del cuerpo, ni del alma, que me sirven hoy de símil  cuando me  escurro por el sumidero.
E.B.

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