Padecía de ingratitud severa y murió de una sobredosis de egoísmo fulminante




























10 de julio de 2013


 Tormenta tropical
Hay un beso que se esconde en el epicentro de un tornado
Lo miro con la gula del deseo obscuro.
Sé que estás allí y sin embargo me quedo mirando, tentando mi poco sentido común casi ausente.
Le huyo, como a la razón el loco, pero a sabiendas.
Remo en sentido contrario al tornado y cuando el día ha gastado ya,
Más de la mitad de sus horas, regreso afanosa a la orilla del vórtice,
Donde, cómoda y presuntuosa, vestida de fiesta y perfumada,y segura de sí, la tentación, me espera.
E.B.

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