Padecía de ingratitud severa y murió de una sobredosis de egoísmo fulminante




























14 de septiembre de 2013

Respuestas

No, no me culpes de la herrumbre de tu alma, ni de las hadas moribundas; ni del amor que no besó tu piel. Yo tenía la boca puesta en el rostro, y sonreía si imaginaba tu boca junto a la mía. Yo dancé con la melodía de tu voz y declame tus letras, una a una para esculpirlas luego en mí. Pero no nos alcanzó el cobijo. Tu boca que soñé con besos me maldijo y la danza que fuera celestial se hizo sombras. Yo empuñe las armas y me colgué en el pecho el desasosiego. Huyendo como huye el homicida, persignándome como quien ha empeñado en su palabra el alma y la ha perdido. Luego me resguardé tras el muro del silencio agazapando el grito que quería ser eco y salir a buscarte y perseguirte. Después recobré la cordura, respiré sin enojo, saque las cuentas donde restabas tanto y sumabas menos, pero sumabas, pero sumabas... Tu voz regreso furtiva una noche y se quedó a dormir conmigo. Amanecimos abrazadas sin más abrojos, sin rencores, con la paz que da saber que el corazón no es oscuro, y la dejé allí conmigo, como parte de mi alma, a pesar de la herrumbre del que hablabas que te habitaba las alas y el alma, causado por una hilera de penas desde cuando yo no estaba y las que yo agregara. No me indilgues dolores infringidos, no me apenes, que yo te quiero y te querré siempre a pesar de las zarzas y el silencio, y a pesar de lo que parece olvido. E.B.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Silencio

Cuando tú te quedes muda,
cuando yo me quede ciego,
nos quedarán las manos
y el silencio.

Cuando tú te pongas vieja,
cuando yo me ponga viejo,
nos quedarán los labios
y el silencio.

Cuando tú te quedes muerta,
cuando yo me quede muerto,
tendrán que enterrarnos juntos
y en silencio;

y cuando tú resucites,
cuando yo viva de nuevo,
nos volveremos a amar
en silencio;

y cuando todo se acabe
por siempre en el universo,
será un silencio de amor
el silencio.

Andrés Eloy Blanco