Padecía de ingratitud severa y murió de una sobredosis de egoísmo fulminante




























12 de febrero de 2014



Doblé tus mejores camisas, coloqué los mensajitos de siempre en los bolsillos,  para que  con ellos me evoques y sonrías cada vez que endoses una nueva; Tus medias, que besé pidiendo a Dios que cubran más que tu frío, tus pasos. Dos de tus relojes, el marrón y el negro (los más serios) como si con ello pudiera que nada alterase el orden en tu vida cotidiana. Varias almillas, también para el abrigo, tu agenda; un retrato  de todos y una pequeñita foto mía, para que la  nostalgia no te haga compañía por las noches.
 Quisiera  que fueras un poco indolente y desdeñoso al recordar todo lo que se queda…lo sé, te enseñé justamente  lo contrario:  Que la unión nos hace fuertes, que no hay mejor velada que con  los tuyos, y al amanecer saber que para convocarlos basta un grito, que no hay árbol sin raíz. Pero en las hojas, por ahora, encontrarás el oxígeno sin lágrimas, esas las he dejado todas para mí.
 En el fondo, guardada solo para altibajos  encontrarás, también doblada, mi alma arrancada de la raíz de mis huesos, esa, te mantendrá pegado a la tierra. ¡Eso es todo!
 Por lo demás, mi  promesa de amarnos por toda la eternidad.

Mamá

1 comentario:

Anónimo dijo...

Giraluna duerme al niño.
Andrés Eloy Blanco


No te duermas, niño,
Que dormir es feo;
todo, todo, todo
Se te pone negro.

Dios hace su noche
Para sus estrellas;
yo no te di ojitos
Para que durmieras.

No hay nada más malo
que un niño durmiendo,
que la madre llora,
que parece muerto.

Los niños debieran
dormir a las madres;
yo tengo mi niño
para que me cante;

dormir a las madres
los niños debieran;
yo tengo mi niño
para que me duerma.

Yo quiero que grites,
yo quiero que llores,
sin dormir de día,
sin dormir de noche,

que rompas la jaula
que mates el mirlo
que digan: -¡Qué malo!,
¡qué malo este niño!

Que grites al chino
y a los barquilleros,
que te tengan rabia,
que te tengan miedo:

que le tires piedras
a los Reyes Magos
para que te caigan
entre los zapatos.

Que no duerma nadie,
porque no los dejas,
que la misma Virgen
se quede despierta

y que se trasnochen
hasta las estrellas
y las pille el día
toditas afuera…

No cierres los ojos
porque me ennochezco,
no cierres los labios
porque me ensilencio;
gritando de día,
de noche, gritando,
que yo tenga siempre
tu grito en mis brazos…

- Pero como él hace
todo lo contrario,
ya estará dormido
cuando acabe el canto.