Padecía de ingratitud severa y murió de una sobredosis de egoísmo fulminante




























2 de agosto de 2015

TRAMONTO
  
Cada vez que vuelvo a amarte,
 a pie  descalzo  me abrazo al retorno.
No le  agrego nombres, ni acentos.
Me asgo al instante  delirante del suceso.
Y vuelvo a amarte en  mayúsculas,
 con música, risas y magia
 como en las  fiestas de la gente  pobre
 con el corazón acaudalado de riquezas.
Cada vez que vuelvo a amarte,
 no llueve a cántaros ni hacen nidos las tristezas.
Sin explicación nacen desespinadas las rosas,
 con el mágico color de las frambuesas.
Y  el aire  refresca  el dolor que horadó el alma haciendo mella.
Cada vez que vuelvo a amarte,
vuelvo a amarte y existo a ciegas.


E.B.

2 comentarios:

Migdalia Beatríz Mansilla Rojas dijo...

Sin dudas, un hermoso poema que remonta al alma a plácidos linderos.

Anónimo dijo...

La memoria y sus esquinas, sus ángulos, sus recovécos…Me gustan más las letras de cuando me enamoro y amo, por ende, de vez en cuando regreso a algún momento, algún detalle o destello que me lleve o retro proyecte de vuelta a esos tiempos cuando el alma se desnuda y se descalza.

Saludos querida!